Fotoperiodismo de Bodas

Este artículo nace dado el creciente interés que está teniendo el llamado “Fotoperiodismo de Bodas”, que como todo el mundo sabe ya es el reportaje de bodas tradicional desprovisto de posados (?)* y retoques posteriores (???)**. Esta modalidad también aconseja desestimar los estudios fotográficos para desarrollar su actividad en espacios cotidianos como parques, calles, ciudades, riberas, playas, descampados, ruinas o cualquier paraje capaz de albergar una pareja de novios. Así mismo, usar unos encuadres arriesgados donde todo cabe, incluso cortar cabezas, acusar desenfoques y exagerar las perspectivas y la simulación analógica (reproducir el contraste y el grano de la película fotográfica de siempre) para darle mayor impacto visual y acabar de paso con la frialdad de la imagen digital. El resultado, con todo, debe ser natural aunque no lo sea, ya que la vocación de todo “fotoperiodista de bodas” que se precie (el nombrecito se las trae) es la de registrar lo más fielmente posible lo que ocurre el día de la boda.

Estas normas que tan bien han funcionado y funcionan en el reportaje tradicional, en el reportaje de bodas es un arma de doble filo. Si por un lado aportan naturalidad, espontaneidad y frescura al reportaje, por otro, al no llevar retoque y potenciar el contraste, ponen de manifiesto cualquier arruga o imperfección que tenga la persona o personas involucradas en el reportaje, sobre todo las personas mayores. Una cámara no se inventa nada, si aparecen las huellas del tiempo en la foto es porque están ahí, pero no logro imaginar a la madre de la novia luciendo arrugas después de gastarse un ojo de la cara en maquillaje, manicura, peluquería y en un vestido con tocado para ir guapa el día de la boda. Es posible que los fotógrafos que se niegan a retocar las imágenes y contener las perspectivas, tengan equivocado el oficio y en lugar de ser “fotoperiodistas de bodas” deban ser fotoperiodistas a secas (algunos de ellos serían muy buenos).

Si analizo las bases donde se sustenta esta modalidad, no logro diferenciar la nueva tendencia de lo que ya se hacía antes de que Internet lo revolviera todo, cuando la naturalidad invadía la profesión y donde el gran objetivo era registrar lo acontecido en este día tan especial para una pareja. Aquí se vuelve a cumplir el tópico de que todo es cíclico. Lo que ahora parece recién inventado en realidad se ha hecho con anterioridad. Para colmo, la técnica no es ni más ni menos que la que se ha venido utilizando en la fotografía de reportaje desde que la fotografía es fotografía. Aunque si nos damos una vuelta por la red, descubriremos que muchos de los fotógrafos jóvenes que desarrollan tal actividad la venden como algo reciente, y algunos de ellos no tienen ningún empacho en clasificarlo como fotografía artística, y por ende, considerarse ellos mismos como tales artistas, cosa que, desgraciadamente, les suele funcionar cuando el cliente, que no tiene la obligación de saberlo todo, lo cree original. Pero de original no tiene nada. El llamado Fotoperiodismo de bodas es una práctica que nació en los Estados Unidos, como casi todo en las últimas décadas, y se importó a España de la mano de Fran Russo, que la popularizó hasta hacerse con una legión de seguidores que le copian hasta la manera edulcorada, un tanto empalagosa, de referirse a los clientes y al día de la ceremonia como si los primeros fueran amigos de toda la vida y lo segundo el día más especial desde que el mundo empezó a ser mundo. Hasta ese exceso de azúcar, como digo, le han copiado, mérito tiene. Al visitar las páginas de muchos de sus seguidores verás que todos dicen las mismas cosas, hacen las mismas fotos y utilizan las mismas poses y la misma técnica que el fotógrafo granadino. Como uno es ya mayor y ha visto muchas cosas, he de decir que esa técnica basada en utilizar diafragmas muy abiertos, no usar flash y registrar todo cuanto se mueve en un evento nupcial, tampoco fue Fran Russo el primero en usarla. El fotógrafo de bodas sevillano Paco Alorda, ya utilizaba esa técnica en la década de los noventa, solo que siempre utilizaba el blanco y negro, y lo sé porque  el mismo laboratorista que me revelaba y positivaba mis negativos, Quino González, le revelaba y positivaba las bodas a Paco Alorda. Así que he visto durante varios años cientos de fotos de Paco por no decir miles. No digo yo que Fran Russo le copió el estilo a Paco Alorda, pero desde luego es el mismo, ni que el estilo de Paco fuera propio de él o importado de algún otro fotógrafo conocido o anónimo, eso no lo sé (si lo viera ahora se lo preguntaría por curiosidad). Fran lo que ha hecho nuevo (que tampoco sé si lo es), ha sido tintar sus fotos de naranja o de cualquier otro tono para darle ese efecto ensoñador que tanto ha gustado a las parejas y a su pequeña legión de seguidores.

Para mí la fotografía siempre ha sido una pasión. Llevo casi treinta años desarrollándola con mejor o peor fortuna. Tenía ya una nutrida biblioteca fotográfica antes de que internet llegara a nuestras vidas. He visto tantas imágenes que sería muy difícil ponerle una cifra. Conozco a la gran mayoría de los fotógrafos de reportaje o de cualquier otra modalidad que han aportado algo a este mundo. Por eso cuando leo u oigo cosas del tipo de la anterior, se me viene a la mente multitud de argumentos que estaría muy gustoso en exponer a los que se dan esos humos. Para ser original en fotografía o cualquier otra arte visual o no, hace falta algo más que palabrería. Algunos fotógrafos hasta acusan a otros colegas de copiarles el estilo. ¿Qué estilo, el que previamente ellos han aprendido o copiado de maestros como Cartier-Bresson, Robert Doisneau, Elliot Erwitt, Sebastiao Salgado, Josep KoudelKa, Larry Towell, Helmund Newton, Nikos Economopoulos, Paolo Pellegrin o cualquier otro fotógrafo que ha ayudado a asentar las bases de lo que hoy conocemos como fotografía, o lo que es peor, de una mala copia de ellos, que también las hay (y muchas) rodando por ahí?

En España, por no ir muy lejos, solo conozco un fotógrafo artista, aunque también tuvo su maestro, y ese se llama Chema Madoz; los demás, incluido yo mismo, somos fotógrafos a secas, unos más aventajados que otros, pero fotógrafos sin otro adjetivo aparte del que ya le pone su propia actividad. Que conste que yo soy un fotógrafo básicamente de reportaje, siempre lo he sido aunque ahora tenga un estudio y haga algunas bodas, y he aplicado a mis imágenes todas las técnicas descritas en este artículo y aun otras que no aparecen aquí. Eso no solo lo digo (ya están sobrando palabras), sino que lo puedo demostrar con un nutrido banco de imágenes propio y con muchas publicaciones a lo largo de los casi treinta años llevando encima una cámara, que es más de lo que pueden decir algunos.

A pesar de tan dilatada trayectoria, jamás he tenido la tentación de calificarme de artista. Si me he molestado en escribir este artículo es porque no tolero bien a los que nos quieren servir el pasado en copa nueva, y que pretenden inventarse cosas que se inventaron hace mucho tiempo o colgarse medallas que les corresponden a otros. Seamos serios, colegas, y más humildes, y máxime si pensamos que esto del Fotoperiodismo de Bodas puede ser una moda tan pasajera como aquella del HDR o de las escenas urbanas de novios corriendo de la mano por los pasos de cebra, así que quizás interese no hablar más de lo necesario por si tenemos que reconvertirnos de nuevo a artistas de estudio o cualquier otra cosa que no se me ocurre ahora para seguir sobreviviendo (que no evolucionando).

¿Que qué es lo que vendrá? Si nos atenemos al efecto pendular, quizá se vuelva al estudio fotográfico como alternativa, o quizás no, quién sabe, a lo mejor a las nuevas generaciones les da por no casarse y con ello todos vamos al paro (yo espero estar jubilado para entonces, jejeje). Pero es seguro que lo que sea ya se está gestando o se gestó hace mucho tiempo y algún listillo las pondrá a flote adjudicándose un mérito falso. Cuando esa nueva moda aparezca, veremos muchos movimientos en la profesión, quizás de los mismos que se están reconvirtiendo ahora al Fotoperiodismo de Bodas, y veremos también, cómo no, muchos nuevos “artistas” que, más que obra original, lucirán una magnífica verborrea con unas grandes dosis de caradura.

*¿Quién es el que dice que en el fotoperiodismo de boda no hay posados? Echad un vistazo a las fotos de quienes lo practican y veréis poses entre lo místico y lo épico, tipo cartel de cine, que lo desmienten descarada y rotundamente.

**Lo de los retoques es peor aún. La simulación analógica en sí ya es un retoque importante que le hacemos a la imagen digital. Y los falsos colores cálidos o fríos, los viñeteados a posteriori y los desenfoques en la parte inferior y superior de la imagen son más postizos que el injerto de pelo de Bono, el político, pero quedan bonitos y le dan a cualquier fotografía un punto más interesante y artístico, o eso dicen.

©Antonio Zamora

2 pensamientos en “Fotoperiodismo de Bodas

  1. No entiendo la fobia a la arruga. La arruga no tiene porque ser algo negativo en la cara de nadie, al revés, todos las tendremos, es lo que hay. Eres lo que eres. se puede retocar colores, luces, contrastes, pero porque borrar las arrugas¿ y eso que aún no las tengo. No me imagino a mi madre por mucho dinero que se haya gastado en su outfit e imagen para mi gran día, con cara de látex. Sin ninguna expresión sin ninguna sombra, sin el paso del tiempo, sin lo que ha aprendido y vivido… Es absurdo.

    • En un mundo ideal es como dices en tu comentario, pero este dista mucho de ser un mundo ideal. Ojalá todos asumiéramos nuestro aspecto y nuestra edad, los fotógrafos tendríamos menos trabajo. Una de las frases más recurrentes en las mujeres cuando son fotografiadas en una ceremonia es: “Me tienes que hacer un photoshop”, y eso no quiere decir, al menos que yo ande despistado, que le deje la piel tal cual sale de la cámara. Como muchísimos fotógrafos sociales me debo a mis clientes, y si estos dicen que les haga un photoshop, yo les hago un photoshop. Otra cosa es mi obra personal, en esa nadie me dice lo que debo o no debo hacer.

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